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El sol salió en Canadá para todos por igual

Oct 25, 2015
5 min read

Dentro su propia métrica, los canadienses estaban cansados de un gobierno que percibían como verticalista en lo interno y antipático en lo externo.



En su discurso triunfal Trudeau fue generoso con sus rivales. "Como he dicho muchas veces durante esta campaña, los conservadores no son nuestros enemigos, son nuestros vecinos. El liderazgo es acerca de juntar a gente de todas las perspectivas diferentes en una acción común”.

"Mis amigos, hemos derrotado el miedo con la esperanza, hemos derrotado el cinismo con el trabajo duro, hemos derrotado la política negativa con una visión unificadora y positiva”, dijo Justin Trudeau en el discurso con el que celebró que el Partido Liberal pase del tercer al primer lugar en las elecciones del 19 de octubre. Lo dijo en francés, en la capital de la provincia francófona de Quebec. Lo expresó en perfecto inglés para el resto del país anglófono: "Hemos derrotado la política negativa y divisionista con una visión que unifica a todos los canadienses”. Los 10 años del primer ministro saliente Stephen Harper fueron sectarios dentro los límites moderados de la política canadiense. Los ataques de su Partido Conservador contra Trudeau se centraron en decir que "no está listo para gobernar” y en insinuar que no es más que un tonto bien peinado. Pican, pero no se los puede comparar con los ataques maliciosos, las posturas ultra divisionistas y el racismo étnico apenas disimulado del candidato presidencial Donald Trump en EEUU. Dentro su propia métrica, los canadienses estaban cansados de un gobierno que percibían como verticalista en lo interno y antipático en lo externo. Un gran calor humano y un abundante sentido común permearon el primer discurso del futuro primer ministro Justin Trudeau. Las mujeres perdieron el aliento ante su juventud y apostura. Pocos pudieron resistir su evidente carisma. Pero lo que más contó fue el contenido de sus palabras. Dijo que su campaña se basó en "el convencimiento de que la política no tiene que ser negativa y personal para ser exitosa, que se puede apelar a los mejores ángeles de nuestra naturaleza y que se puede ganar haciéndolo”. Defendió la idea de que una visión positiva y optimista de la vida pública no es un sueño ingenuo. Dijo que esa visión puede ser una poderosa fuerza de cambio. Este mensaje caló profundamente en el país. Fue un bálsamo para los electores fatigados con el centralismo y el verticalismo de Harper. "Canadá no es un país fuerte a pesar de sus diferencias, es fuerte debido a ellas”, dijo Trudeau. "Yo seré un primer ministro que nunca busque dividir a los canadienses, sino que aproveche cada oportunidad que se presente de juntarnos y acercarnos los unos a los otros. Si los canadienses van a confiar en su gobierno, su gobierno tiene que confiar en los canadienses. Yo seré un primer ministro que sabe que un gobierno abierto y transparente significa mejores y más inteligentes decisiones”. Estas palabras causaron envidia en los sectores bien pensantes de los Estados Unidos, donde el sectarismo y el racismo se han acentuado durante el mandato del primer presidente negro. La campaña de una parte de la oposición republicana es divisiva, demagógica y, para muchos, aterradora. El pintoresco millonario populista Donald Trump con su peluquín pajizo y su gran experiencia mediática sigue subiendo en las encuestas, desmintiendo a los mejores analistas que predijeron su temprano hundimiento. El presidente Obama habló con Trudeau para felicitarlo. Le dijo que su tersa y abundante cabellera negra pronto se volverá blanca con las preocupaciones del gobierno. Otro jefe de Estado le dijo a Trudeau que disfrute de su victoria, porque de ahora en adelante todo será cuesta abajo. Es evidente que incluso en Canadá el optimismo arrollador de Justin Trudeau se tropezará con las mezquindades y egoísmos que son parte integral de la política. En su discurso triunfal Tru- deau fue generoso con sus rivales. "Como he dicho muchas veces durante esta campaña, los conservadores no son nuestros enemigos, son nuestros vecinos. El liderazgo es acerca de juntar a gente de todas las perspectivas diferentes en una acción común”. El ex primer ministro Joe Clark recordó en la televisión una anécdota de cuando Justin era un niño. En ese tiempo, su padre, Pierre Trudeau, era un primer ministro brillante y punzante, muy apreciado entre los países no alineados del Tercer Mundo. Clark recuerda que Pierre Trudeau llevó a su hijo Justin al Parlamento y le mostró la bancada opositora. "Esos son adversarios, no son enemigos. Siempre los tienes que escuchar”. En su discurso, Justin dijo que en estas elecciones se presentaron 1.792 candidatos y que 338 fueron elegidos. "Yo los voy a escuchar a todos”. "Formaremos un gobierno íntegro que respetará las instituciones y que hará de la colaboración con las provincias el primer principio de sus acciones. Queridos amigos de Quebec, gracias. Esta noche Canadá vuelve a encontrar un poco de sí mismo, esta noche la provincia de Quebec regresa de verdad al gobierno del Canadá”. Esas palabras no suenan huecas en una provincia en la que hubo dos referendos en los que por un pelo perdió el Sí al separatismo y la independencia. Justin contó que durante la campaña una joven mamá de ropaje musulmán le puso a su bebita en los brazos mientras le decía: "ella tiene derecho a tomar sus propias decisiones en su vida y yo quiero que el Gobierno proteja esas decisiones”. Trudeau dijo que le contestó: "Tú y tus conciudadanos han escogido un nuevo gobierno, un gobierno que cree profundamente en la diversidad de nuestro país, sabemos en nuestros huesos que Canadá ha sido construido por gente de todas las esquinas del mundo, que promulgan cada fe, que pertenecen a cada cultura y que hablan cada idioma”. Son palabras bonitas, pero Justin las pronunció con mucha convicción. Al contar esta anécdota se le humedecieron los ojos. Continuó con severidad: "Creemos que la diversidad de este país es una bendición que nos han otorgado previas generaciones de canadienses, canadienses que obligaron a bajar la mirada al prejuicio y combatieron contra la discriminación en todas sus formas. Sabemos que nuestra propia, envidiable sociedad inclusiva es algo que no sucedió por accidente y que no continuará sin esfuerzo. Tengan fe en sus conciudadanos, mis amigos, son buenos y generosos, son abiertos de mente y optimistas, saben en el corazón de sus corazones que un canadiense es un canadiense, es un canadiense”. Un antiguo analista observó que un hombre de bien no puede ser un buen ciudadano excepto en un Estado perfecto. En los Estados imperfectos se lo considera como un ciudadano imperfecto, incluso indeseable. Para ser considerado un buen ciudadano un hombre de bien se tendría que acomodar a las imperfecciones del Estado. Justin Trudeau es un hombre de bien en un Estado donde, por un momento, sus palabras mostraron que la perfección es posible.

http://www.paginasiete.bo/ideas/2015/10/25/salio-canada-para-todos-igual-74447.html

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