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Una política exterior discapacitada

Jul 31, 2016
4 min read

El Gobierno del Estado Plurinacional de Bolivia tiene una política exterior. Su principio básico es el combate contra el imperialismo y el colonialismo en todas sus formas y manifestaciones.


Sus indudables éxitos, como la demanda que está en curso contra Chile en La Haya, se deben al excepcional instinto político del Presidente Evo Morales. En el momento oportuno supo incorporar el apoyo jurídico del ex presidente Eduardo Rodríguez Veltzé así como el apoyo mediático del ex presidente Carlos Mesa Gisbert. Con gran tino conformó una unidad de apoyo técnico de alto nivel no politizada (DIREMAR).


Sus fracasos derivan principalmente de que la política exterior se basa en una ideología. Cuando la ideología prevalece, los insumos de los mejores asesores se ignoran. Cuando eso sucede el instinto político del Presidente discurre por caminos bajos y lo lleva a privilegiar actuaciones que le brinden rédito político inmediato ante sus bases. Es entonces que las mejores iniciativas se pueden dañar.


Si la demanda boliviana triunfa en La Haya, tal como lo desean todos los bolivianos, ese éxito será jurídico y no ideológico. Además será un éxito parcial y momentáneo, puesto que consistirá solamente en que la Corte Internacional de Justicia dictamine que Chile tiene una obligación de negociar de buena fe una salida soberana y útil al Océano Pacífico para Bolivia.


Quedará por ver cuán exitoso ha sido el Gobierno del Estado Plurinacional de Bolivia en preparar a la opinión pública chilena y a la clase gobernante de Chile para que negocien favorablemente esa salida con Bolivia. Hasta el momento no se ha hecho otra cosa que predisponerlos en contra de cualquier arreglo. Eso por razones ideológicas y para generar apoyo por parte de un electorado que cree que patear las canillas de los oponentes es una muestra del más admirable machismo.


Los errores y fracasos de la política exterior boliviana serían exactamente iguales si se basaran en una ideología totalmente opuesta a la del gobierno actual, así fuera de corte neo-liberal, liberal, conservador o ultra derechista. Lo que pasa es que las ideologías se ponen y pasan de moda como la ropa. Una política exterior bien llevada debe basarse en los intereses permanentes del país. Para ser verdaderamente exitosa una política exterior debe ser beneficiosa para todos los bolivianos, por lo cual debe ser capaz de generar el apoyo de una variedad de actores internos y externos, sean cuales fueran sus preferencias ideológicas.


En este momento el gobierno socialista de Chile está haciendo exactamente eso. A pesar de su relativo aislamiento geográfico por estar ubicado a lo largo de la costa baja del Océano Pacífico, Chile ha tomado la iniciativa de ser el principal coordinador de la Alianza del Pacífico, un acuerdo comercial que lo une a lejanos socios de ideologías diversas y cambiantes, como son Colombia, Perú y México.


Al mismo tiempo Chile está intentando unir la Alianza del Pacífico con el Mercosur, un otro acuerdo comercial que une al Brasil, la Argentina, el Uruguay y el Paraguay, los principales países que gravitan del lado opuesto del continente mirando hacia el Océano Atlántico. Varios de ellos tienen gobiernos que se acaban de alejar del socialismo del siglo 21 al que Chile se adhirió fervientemente en su momento.


A partir del 1° de julio de 2016 Chile asumió la presidencia de la Alianza del Pacífico en la Cumbre Presidencial de la ciudad chilena de Frutillar. El rol de articulador máximo de la integración latinoamericana que pretende enarbolar el Canciller chileno Heraldo Muñoz cobró un peso nada desdeñable cuando la Argentina decidió participar junto a medio centenar de observadores en la Cumbre de la Alianza y cuando el presidente argentino Mauricio Macri enalteció esa cumbre como invitado especial.


Mientras todo eso y mucho más sucede en el campo de la integración latinoamericana y la diplomacia chilena lo sabe aprovechar muy bien, el Estado Plurinacional de Bolivia condena tajantemente a la Alianza del Pacífico por razones ideológicas y se aparta de un Mercosur que está a punto de marginar definitivamente a su gran aliado ideológico, que es la Venezuela de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Por el contrario, la política exterior de Bolivia apoya organismos relativamente inertes de vocación anti-imperialista como son el ALBA, CELAC y UNASUR.


Venezuela no solo será apartada por el Mercosur de la presidencia que le hubiera tocado ejercer durante el segundo semestre de 2016, sino que muy probablemente será apartada o se apartará del propio acuerdo por divergencias ideológicas. Tal como lo indica un comentarista uruguayo, Venezuela entró al Mercosur por la ventana y está a punto de ser echada por la puerta trasera (Infolatam.com del 7 de julio de 2016). Ese es el precio que Venezuela pagará por apostar a una ideología pasajera por encima de los intereses permanentes de todos los venezolanos.


Para valorar de manera objetiva e imparcial la política exterior del Gobierno del Estado Plurinacional de Bolivia hay que ver si aprende a ganarse a la opinión pública chilena y deja de insultarla, que es la única manera en que la brillante iniciativa de La Haya puede tener un final exitoso. Por otra parte, hay que reconocer que quedó en la congeladora el papel coordinador y de hábil componedor de diferencias que Bolivia pudo haber jugado aprovechando su posición geográfica en el centro de América del Sur.


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